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Del 5 al 7 de mayo de 2026
Bienvenidos al Kongresshotel
Bamberg, Alemania
SESIÓN DE CONFERENCIAS
Descubre cómo los datos de uso transparentes permiten un mayor control, una mayor eficiencia y una mejor toma de decisiones en entornos de simulación con limitaciones.
Ponente: Heinrich Bartels — Director de Ingeniería de Costes y Optimización de Programas, Open iT
5 de mayo de 2026 | Martes
17:00–17:25 (CET)
Sala B
Bienvenidos al Kongresshotel
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Optimización del uso de los recursos de HPC: lecciones aprendidas del CFD regulado en el automovilismo de élite
Open iT
Heinrich Bartels
La ingeniería de élite en el mundo del automovilismo de monoplazas se desarrolla en un entorno en el que el rendimiento viene determinado por márgenes extremadamente reducidos y en el que la eficiencia aerodinámica es el factor dominante que influye en los resultados de las carreras. La aerodinámica afecta directamente a la estabilidad en la frenada y al rendimiento en las curvas, y el agarre aerodinámico supera al agarre mecánico en un factor de cuatro a cinco. En un sistema tan estrechamente interrelacionado, incluso pequeñas ineficiencias pueden traducirse en la pérdida de posiciones, mientras que mejoras aerodinámicas relativamente menores pueden suponer reducciones en los tiempos por vuelta del orden de 0,1 a 0,3 segundos. Estas condiciones elevan la Dinámica de Fluidos Computacional (CFD) de ser una herramienta de apoyo a convertirse en un factor clave del rendimiento competitivo, lo que hace que la eficacia de cada simulación sea de vital importancia.
Lo que diferencia este entorno no es simplemente el uso del CFD, sino la forma en que se restringe su uso. En la Fórmula 1, la actividad relacionada con el CFD se rige por límites normativos explícitos que definen la cantidad de cálculos que cada equipo puede realizar. Estos límites se ajustan dinámicamente en función de la clasificación en la competición: los equipos mejor clasificados reciben hasta un 115 % de la asignación de referencia, mientras que el campeón de constructores puede verse limitado a tan solo un 70 %. Esta estructura introduce un mecanismo deliberado de equilibrio competitivo en el que el éxito reduce la capacidad computacional futura, lo que obliga a los equipos con mejor rendimiento a operar con mayor selectividad y eficiencia.
En este marco, el CFD se convierte en un recurso finito y cuantificable. Su consumo se cuantifica mediante una métrica estandarizada: AUh = (NCU × NSS × CCF) / 3600, donde NCU representa el número de CPU, NSS el tiempo de ejecución en segundos y CCF la velocidad de reloj de la CPU. Cada simulación consume una parte definida de una asignación fija que no puede superarse, y cualquier capacidad no utilizada se pierde. Esto establece un límite estricto dentro del cual debe desarrollarse todo el trabajo de desarrollo aerodinámico, desplazando el enfoque del número total de simulaciones realizadas hacia la maximización del número de simulaciones útiles que contribuyen a la mejora del rendimiento.
Estas limitaciones cambian radicalmente el papel de la computación de alto rendimiento (HPC). En la mayoría de los entornos de ingeniería, los sistemas de HPC se consideran una infraestructura escalable, en la que el aumento de la demanda computacional puede satisfacerse añadiendo más hardware. En la Fórmula 1, sin embargo, el rendimiento del CFD está limitado por la normativa y no por la disponibilidad de hardware. Como resultado, ampliar la capacidad de cálculo no aumenta el número de simulaciones permitidas. En cambio, el énfasis se desplaza hacia la obtención del máximo valor posible a partir de un presupuesto computacional fijo.
Este cambio sitúa la optimización de la HPC en el centro del rendimiento de la ingeniería. El objetivo no es aumentar el uso total de la capacidad de cálculo, sino mejorar la eficiencia con la que se utilizan los recursos existentes, de modo que se puedan completar simulaciones más significativas dentro de la misma asignación. Cada ineficiencia en el sistema de HPC reduce directamente el número de simulaciones CFD que se pueden realizar, lo que convierte el rendimiento del sistema y la utilización de los recursos en factores críticos para el éxito competitivo.
Los sistemas HPC son entornos complejos en los que el rendimiento depende de múltiples recursos que interactúan entre sí, entre los que se incluyen la capacidad de cálculo, el tamaño de la memoria, las operaciones de E/S de almacenamiento, el ancho de banda de red, la comunicación entre procesos, la configuración del programador y la disponibilidad de licencias de software. En la práctica, estos recursos rara vez están equilibrados. Es habitual que un recurso se sature mientras que otros permanecen infrautilizados, lo que genera cuellos de botella que limitan el rendimiento global del sistema.
Por ejemplo, las simulaciones que parecen requerir un uso intensivo de la capacidad de cálculo pueden verse limitadas en realidad por el ancho de banda de la memoria o la latencia, lo que impide que las CPU funcionen a plena eficiencia. Las cargas de trabajo distribuidas pueden sufrir conflictos de interconectividad o de red, lo que reduce la escalabilidad entre los nodos. Los sistemas de almacenamiento pueden limitar el rendimiento debido a patrones ineficientes de acceso a los datos, mientras que el consumo energético y los límites térmicos pueden provocar una limitación de rendimiento que reduzca la velocidad efectiva de procesamiento. Además, las cargas de trabajo paralelas están intrínsecamente limitadas por componentes no paralelizables, lo que significa que aumentar el número de CPU no siempre se traduce en una mejora proporcional del rendimiento.
Estos desequilibrios ponen de manifiesto un reto fundamental: la eficiencia global de la HPC no viene determinada por la cantidad total de recursos disponibles, sino por el grado de coordinación y aprovechamiento de dichos recursos. Cuando una limitación predomina, no es posible aprovechar al máximo el resto del sistema, lo que se traduce en una reducción del rendimiento y un aumento del coste computacional por simulación.
Para hacer frente a estos retos es necesario contar con una visibilidad detallada del comportamiento del sistema. Los entornos modernos de HPC generan un gran volumen de mediciones que proporcionan información tanto sobre el rendimiento del sistema como sobre el uso de las simulaciones. Los contadores de rendimiento del hardware revelan ineficiencias de bajo nivel, como fallos de caché y bloqueos de memoria, mientras que las mediciones a nivel de nodo recogen el consumo energético, la temperatura y los posibles efectos de limitación térmica. Las herramientas de perfilado a nivel de sistema revelan, además, patrones de conflicto y desequilibrio entre los subsistemas de computación, memoria, red y almacenamiento.
Cuando se combinan con datos de uso, como los patrones de programación de tareas, la concurrencia de licencias y la demanda en función del tiempo, estas mediciones ofrecen una visión global de cómo se consumen los recursos. Permiten identificar la capacidad de cálculo ociosa, los cuellos de botella en horas punta y las cargas de trabajo desalineadas que podrían pasar desapercibidas con los métodos de supervisión convencionales. En muchos casos, las ineficiencias no son evidentes porque se distribuyen entre múltiples componentes del sistema, lo que hace que el análisis basado en datos sea esencial para detectar la pérdida de rendimiento.
Una vez identificadas las ineficiencias, se pueden aplicar estrategias de optimización específicas para mejorar el rendimiento general del sistema. Estas medidas pueden incluir el ajuste de la asignación de la CPU para aumentar la eficiencia de los núcleos, la mejora de los sistemas de refrigeración para eliminar la ralentización térmica y la resolución de los cuellos de botella de E/S mediante una disposición optimizada de los datos y patrones de acceso. Los ajustes en los programadores de tareas permiten adaptar mejor las cargas de trabajo a los recursos disponibles, mientras que una mejor gestión de las licencias garantiza que las restricciones del software no limiten innecesariamente el rendimiento.
En algunas situaciones, el análisis puede indicar que se necesita capacidad adicional de HPC. Sin embargo, esta decisión debe basarse en una comprensión clara de qué recurso está limitando el rendimiento. Añadir nodos de cálculo a un sistema limitado por el ancho de banda de la memoria, la E/S de almacenamiento o el rendimiento de la red no mejorará el rendimiento y puede aumentar los costes operativos sin aportar beneficios significativos. Por el contrario, cuando los recursos están bien equilibrados y se aprovechan al máximo, ampliar la capacidad puede proporcionar mejoras cuantificables en el rendimiento y la productividad.
Aunque la Fórmula 1 ofrece un ejemplo con unas limitaciones únicas, los principios subyacentes se aplican directamente a los entornos comerciales de HPC. En estos entornos, la principal limitación no es la normativa, sino el coste. Los sistemas de HPC suponen importantes inversiones de capital y operativas, que incluyen la adquisición de hardware, el consumo energético, el mantenimiento y las licencias de software. Por ello, el objetivo de optimización va más allá del mero rendimiento.
Las empresas deben encontrar un equilibrio entre dos objetivos: completar las simulaciones necesarias lo antes posible y reducir el coste de los recursos de HPC necesarios para obtener esos resultados. Para un número fijo de simulaciones, mejorar la eficiencia del sistema puede reducir el tiempo de cálculo, disminuir el consumo energético y reducir los costes de las licencias. En muchos casos, un mejor equilibrio de los recursos puede permitir completar la misma carga de trabajo con menos recursos computacionales, lo que reduce directamente el gasto total.
Esto plantea un importante paralelismo con la Fórmula 1. En un entorno regulado, la ineficiencia reduce el número de simulaciones que se pueden realizar con un presupuesto fijo. En un entorno comercial, la ineficiencia aumenta el coste necesario para realizar un número determinado de simulaciones. Aunque las limitaciones son diferentes, el reto subyacente es el mismo: garantizar que los recursos de HPC se utilicen de la forma más eficaz posible.
La solución común a ambos ámbitos es un enfoque disciplinado y basado en datos para la gestión de recursos. Los sistemas de HPC deben evaluarse y analizarse de forma continua para comprender cómo se utilizan los recursos y dónde surgen las limitaciones. Es necesario identificar y resolver los cuellos de botella, ajustar las cargas de trabajo a las capacidades del sistema y basar las decisiones relativas a la ampliación de la capacidad en pruebas claras, en lugar de en suposiciones.
Al establecer bucles de retroalimentación entre las mediciones del sistema y las decisiones operativas, las organizaciones pueden mejorar de forma gradual tanto el rendimiento como la eficiencia a lo largo del tiempo. Este enfoque permite un uso más eficaz de la infraestructura existente, reduce los costes innecesarios y garantiza que cualquier inversión adicional en recursos de HPC aporte un valor significativo.
La experiencia en ingeniería de competición de élite demuestra que, cuando los recursos computacionales se consideran finitos y cuantificables, la optimización se convierte en algo tanto necesario como factible. Al centrarse en mejorar la utilización de los recursos, en lugar de limitarse a aumentar la capacidad, las organizaciones pueden incrementar el rendimiento de las simulaciones, reducir el coste por solución y aprovechar de forma más eficaz sus inversiones en HPC. Los mismos principios que permiten obtener una ventaja competitiva en el entorno restrictivo de las carreras pueden aplicarse de forma generalizada para ofrecer simulaciones más eficientes y rentables en una amplia gama de sectores.